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| Cartel de la película |
Rachel, una mujer con graves problemas con la bebida, vive en las afueras de Nueva York con su compañera de piso. Realiza todos los días el mismo viaje en metro: Manhattan ida y vuelta. En el recorrido atraviesa una zona rural en la que vivía con su marido. Unas casas más abajo se encuentra un amplio chalet en el que habita una pareja (Megan y Scott) y a la que imagina como paradigma del amor perfecto.
Su vida transcurre casi íntegramente en el mismo vagón y asiento de ese tren. Los días se repiten idénticos hasta que le parece ver algo que desata su furia interna: esa pareja que ve día tras día no es tan ideal como pensaba. A través de la ventanilla del vagón, observa cómo Megan se encuentra en la terraza del chalet con otro hombre. Esto rompe con sus esquemas y le hace revivir sentimientos oscuros del pasado.
Más tarde, y tras haber ingerido una gran cantidad de alcohol, se baja del metro en una parada que no es la suya con el objetivo de perseguir a Megan y recriminarle que engañara a su marido. En un estado de completa embriaguez, comienza a proferir gritos e insultos contra ella. La muchacha, asustada, trata de huir y pedir auxilio. Es justo en ese momento cuando Rachel pierde el conocimiento.
Cuando se despierta, se descubre a sí misma bañada en sangre y con una inquietante noticia en la televisión: la mujer a la que había seguido la noche anterior ha desaparecido en las inmediaciones de donde ella misma se desplomó. Su compañera de piso le avisa de que acaba de llegar la detective de la policía y que quiere hablar con ella. Incapaz de recordar nada, Rachel niega su relación con el crimen, a pesar de que todo apunta hacia ella.
Llena de culpabilidad, decide hablar con el marido de la desaparecida, Scott. Le cuenta que justo el día de la desaparición de Megan la había visto con otro hombre en la terraza de su casa. Este resulta ser el psicólogo de la muchacha, por lo que las sospechas pasan a centrarse en él.
Sin embargo, dos sucesos cambian radicalmente la línea de investigación.
Por un lado, Ann descubre que la mujer que acosaba a todas horas a su marido, Tom, no era Rachel, su exmujer, sino la recientemente hallada muerta Megan. De este modo, Ann deja de ver a Rachel como una borracha potencialmente peligrosa y levanta sus sospechas hacia su marido Tom. Sospechas que se confirman cuando ve el contenido erótico de los mensajes que intercambiaba este con Megan.
Por otro, Rachel se encuentra en uno de sus rutinarios viajes en tren a una antigua compañera de trabajo de su exmarido. Aprovecha para disculparse por sus problemas con la bebida que, a su parecer, motivaron el despedido de Tom. Sin embargo, su reacción de sorpresa pilla desprevenida a Rachel. Ella le explica que lo que propició que echaran a su marido fue en realidad la promiscuidad de su marido y no su adicción al alcohol. Esto provoca que la culpabilidad de Rachel desaparezca por completo y que los recuerdos que tenía en los que se creía el principal inconveniente de Tom se convierten en justo lo contrario: era él el que le hacía sentirse responsable de todos los males.
La protagonista decide actuar y acude, henchida de rabia, a la casa de Tom y Ann. Allí le acusa de ser el asesino de Megan y de haber destrozado su vida. Él se resiste y trata de emborracharla primero y de matarla después. Sin embargo, entre Ann y la propia Rachel consiguen acabar con su vida.
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| Libro en que se ha basado la pelicula |
CRÍTICA:
Resulta una ventaja y un inconveniente al mismo tiempo realizar una crítica a una película basada en una novela sin haberla leído previamente: al no haber elementos de juicio previo, es imposible evaluar la adaptación del guion a la gran pantalla, pero también permite una valoración más libre y centrada en el filme.
Pese a no ser una trama excesivamente complicada, sí que está presentada de tal manera que debas prestar completa atención a lo que estás viendo para no perderte detalles elementales y poder seguir el hilo argumental. A esto contribuye de manera fundamental el recurso estilístico del flashback: los constantes viajes al pasado que se realizan mediante los recuerdos de Rachel no solo quedan bien estéticamente, sino que son un medio sencillo e identificativo para explicar, por un lado su problema con la bebida, y por otro ciertas circunstancias que de otro modo se harían más difíciles de tragar.
Algo que quizá sí que se echa de menos es más acción en ciertas secuencias que se exceden en lo sosegado y tranquilo del enfoque, lo que envuelve todo bajo un cierto halo de melancolía y que puede hacerse pesado. A pesar de que, en teoría, la trama gira en torno a un asesinato, lo cierto es que en la práctica se desarrolla, como si de un pergamino egipcio se tratara, en una red argumental cuyo hilo conector es Rachel.
La fotografía tiene predominancia por los ambientes bucólicos, con abundancia de escenas con poca luz, tirando a lo lúgubre.


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