La joven, que acudió a colocarse la pieza sin autorización paterna, sufrió días más tarde una grave infección en la oreja que acabó provocándole una lesión.
Ayer lunes tuvo lugar en la Ciudad de la Justicia de Murcia el juicio contra el peluquero acusado de un delito de lesiones imprudentes por la colocación de un piercing a una menor de 17 años en su establecimiento sin contar con los permisos necesarios.Los hechos se produjeron en el año 2011, cuando, según su testimonio, Jennifer (ahora mayor de edad) acudió junto a una amiga a la barberia de A.A, en Cieza. Allí, el hombre les puso un piercing de apenas un euro de valor a cada una, con la ayuda de unas “pistolitas”. Sin embargo, pocos días después, la oreja de la joven se infectó, por lo que tuvo que acudir a urgencias, esta vez ya con su madre. El proceso acabó con una intervención quirúrgica y una lesión en la oreja calificada de deformación en un primer informe forense. Asimismo, Jenifer relató que llegó a haber días en los que no fue a clase por vergüenza, y que precisó de ayuda psicológica. Finalmente, tras solicitarle que enseñara la oreja para que los abogados pudieran comprobar su estado, la joven rompió a llorar.
Antes de ella había declarado A.A., quien rechazó contestar a las preguntas del abogado de la acusación. El hombre, de unos 60 años, reconoció haber colocado piercings años atrás, pero negó ser quien se lo colocó a Jenifer. Según sus palabras, no ponía estas piezas desde el 2008, cuando se enteró de que hacía falta una licencia comunitaria y una zona especial en el establecimiento para poder llevar a cabo el trabajo.
No obstante, tanto las declaraciones de Saray, la amiga de Jenifer, como las de su madre contradijeron la versión del acusado. Uno de esos indicios culpatorios es el que tiene que ver con la visita de la madre al establecimiento solo unos días después de realizarse el piercing, y en la cual el acusado pidió a la joven que le enseñara la oreja, algo que el mismo peluquero admitió haber hecho en sus explicaciones, según él, “por curiosidad”. Fue durante estas testificaciones cuando se vivieron los momentos más tensos entre el abogado defensor, que alegó incoherencias en algunas de las fechas expuestas por los testigos, y el juez, que apreció impertinentes varias de sus cuestiones, llegando a preguntarse en voz alta, irónicamente, si acaso estaban en juicios distintos y no en la misma sala.
Finalmente, en las conclusiones, el fiscal y el abogado de Jenifer coincidieron en considerar al acusado responsable de un delito de lesiones por imprudencia grave, mientras que el abogado defensor, sin dejar de negar los hechos que se atribuían a su cliente, estimó más ajustado a derecho contemplar la imprudencia como leve.
Así, tras casi dos intensas horas de declaraciones, el juicio quedó visto para sentencia.

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